El comienzo de 2026, en Venezuela (la región y el mundo), dejó lejos a la segunda subasta de espectro 5G y a los bloques de espectro aprovechados por Movilnet hace un cuatrimestre. También, a que Digitel avanzara con su sistema de BSS. Todo queda lejos después de la invasión de Estados Unidos del sábado 3 de enero de 2026, sobre lo que todavía resulta difícil escribir. ¿Qué pasará con Venezuela? ¿Qué hay de la seguridad jurídica y la soberanía local? ¿Y el plan estratégico anunciado a 2031? Éstas y otras preguntas urgentes buscan respuestas en horas inciertas.
Lo que sucedió el primer sábado de enero ya es parte de la historia: la administración de Donald Trump bombardeó e invadió Venezuela y llevó prisionero a su presidente, Nicolás Maduro, y a su esposa, la primera dama Cilia Flores, a Nueva York para juzgarlos por “terrorismo relacionado con el narcotráfico”. En la primera audiencia, el matrimonio ya se declaró inocente.
Dos dias después, la ex-vice de Maduro, Delcy Rodríguez asumió la Presidencia y se decretaron siete días de duelo por el casi centenar de muertos; a la vez que Trump dijo que “gobernará” al país hasta que “podamos hacer una transición segura, apropiada y juiciosa”, tal como circuló en BBC (aquí), y garantizar la entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de Venezuela a Estados Unidos (aquí).
Salidos del shock, es hora de poner el tema en contexto telco: ¿Cómo impacta todo este escenario en el negocio de las telecomunicaciones? ¿Es posible pensar en garantías de seguridad jurídica cuando falla la institucionalidad más elemental? ¿Qué oportunidades de negocio hay para las telco y qué inversiones podrían vehiculizarse en este contexto?
Escenario telco en Venezuela
Una de las primeras consecuencias del bombardeo de Estados Unidos a Venezuela, en lo que a las telcos respecta, fue la afectación de los servicios de comunicaciones de Caracas. Una de las víctimas de aquellos misiles fueron las antenas de telecomunicaciones de El Volcán, tal como lo confirmó la BBC (aquí).
El estancamiento del negocio, la poca solvencia económica y la falta de inversiones signaron los últimos años de la industria de las telecomunicaciones en Venezuela. El cierre de 2025, significó, por ejemplo, la vuelta de las inversiones luego que se lograra colocar espectro en la banda de 3.5 GHz para 5G en un país en el que sólo el 60 por ciento de la población usa celular, muy por debajo del promedio regional; donde hay preponderancia prepaga y donde más de un tercio de los usuarios todavía siguen utilizando 2G y 3G.
Los niveles de conectividad son tan bajos que, si el foco se pone en el servicio fijo, éste no supera al 15 por ciento de la población. Como respuesta a estas urgencias, el 19 de septiembre de 2025, el gobierno local había presentado el Plan Nacional de Telecomunicaciones 2025–2030 (disponible aquí) en el que se prometió robustecer el backbone a través del despliegue de infraestructura, fija y móvil, urbana y rural.
En el documento oficial se planteó la necesidad de desplegar 36.000 kilómetros de fibra óptica para redes de transporte interurbanas, urbanas y rurales -cuyos primeros 9.000 kilómetros deberían concretarse para fin de 2026-, además de otros 160.000 kilómetros de redes de fibra óptica FTTH/GPON (45.000 kilómetros que deberán ser tendidos hasta fin de 2026).
También estableció el objetivo de incrementar a 4.000.000 nuevos abonados FTTH/GPON, para pasar al 67 por ciento de penetración en banda ancha en 2031; y de mejorar las capacidades, las tecnologías y las interconexiones internacionales.
Aquella apuesta parece un abismo con las horas del presente venezolano, pues no cuesta preguntarse ¿qué inversiones podrían vehiculizarse en este contexto? Sobre todo, por la incertidumbre generalizada que, en muchos casos, llevó a las empresas a activar sus planes de contingencia -que incluye la no declaración, hasta nuevo aviso-.
Hay que recordar que los desafíos de gobernanza son muchos, aún más profundos que los que llevaron a que un tercio de su población haya emigrado en la última década. Según el Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario de Bogotá, cerca de 9,1 millones de venezolanos, con y sin doble nacionalidad, son migrantes.
Operador por operador
En el caso de Movistar Venezuela, la operación está en venta. Fue hace ya un año, cuando Marc Mutra -ratificado al frente de Telefónica- anunciaba avanzar con un viejo sueño de reconfiguración global de las operaciones y la firme decisión de vender todos sus activos reunidos en Hispam. En estos meses, Telefónica ya se deshizo de su filial en Perú, Ecuador, Argentina y Colombia, aunque en estos últimos dos casos aún no están cien por ciento aprobadas.
En noviembre de 2025, el mismo Mutra revalidó su apuesta de reconfiguración y que espera desprenderse de las restantes filiales de México, Chile y Venezuela. Medios como El País o Bloomberg (aquí) se hicieron eco de sus dichos: “Nuestra salida responde a una estrategia que se tomó en 2019 y que el Plan Transform and Grow refrenda ahora”, dijo Mutra en noviembre y subrayó que “Telefónica Hispam está todavía en México, Chile y Venezuela, y nos vamos a ir de Hispam”.
También descartó que la salida de Venezuela tuviera motivaciones políticas, sino que se trata de un plan trazado hacia 2030 donde el foco está puesto en robustecer su presencia europea y sostener su operación en Brasil. “No somos un actor político, ni damos opiniones políticas”, había dicho Mutra.
Lo cierto es que, hace casi un año, el operador había anunciado una inversión de 500 millones de dólares para desplegar 4G y comenzar con 5G.
Digitel también invirtió. A lo largo de 2025, este operador trabajó en la asociación de su marca a 5G, servicio que anunció en febrero, tras recibir la adjudicación de 50 MHz de frecuencia en la banda de 3.450-3.500 MHz.
En aquella oportunidad, Luis Bernardo Pérez, presidente de la operadora, había asegurado que “Digitel ha realizado una gran inversión en seguridad para la protección de datos, garantizando una conexión segura tanto en el hogar como en las empresas”, y precisado que entre 2020 y 2024 se invirtieron 680 millones de dólares (170 millones por año) en la ampliación y modernización de las radiobases, la virtualización de los elementos de su red y procesos, y en el despliegue de fibra óptica.
Aquel anuncio también había sido la oportunidad para posicionar al operador como prestador de acceso fijo inalámbrico 5G (5G FWA, por sus siglas en inglés). La apuesta involucraba la activación gradual del servicio en Caracas, Barinas, Nueva Esparta, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y Maracay.
En su balance, a diciembre de 2025, la operadora celebró haber contabilizado nueve millones de usuarios móviles activos; además de haber lanzado comercialmente a Internet 5G para el hogar en Margarita, Barinas y Mérida, y la determinación de ofrecer 5G móvil en Caracas este verano.
El repaso también involucró la instalación de más de 500 nuevas estaciones LTE, para totalizar los 3.600 sitios operativos y 528 con carrier aggregation; el haber cerrado el año con una red nacional de fibra de 7.000 kilómetros desplegados. Y el horizonte presentado para 2026 involucraba añadir otros 500 kilómetros más de fibra y aumentar la capacidad en 800 Gbps; además de sumar más soluciones de inteligencia digital, la habilitación de la compra y activación de líneas eSIM.
En el acto de fin de año, Pérez había asegurado que “Con 5G y VoLTE, cumplimos una promesa que hoy está en los hogares y móviles de nuestros clientes. Pero esto es solo el comienzo: estamos construyendo una plataforma tecnológica que permitirá a Venezuela dar el salto hacia una conectividad más rápida, segura y sostenible”.
“En 2025, según cifras oficiales de Conatel, capturamos el 85 por ciento del crecimiento neto de más de 300.000 líneas móviles alcanzando el 37,76 por ciento del mercado, lo que reafirma nuestro compromiso con la innovación con propósito, para mejorar la vida de las personas y la competitividad de los negocios”, agregó Pérez y apostó que el foco para 2026 estaría centrado en la multiplicación de las experiencias digitales.
A estos players se suman otros, como el público Cantv/Movilnet sobre el que protagonistas de la industria, como es el caso del analista internacional José Otero, aseguran que estaría en venta nuevamente y recordó en su blog personal (aquí) que América Móvil podría ser un interesado.
El lunes 6 de enero, Cantv anunció que “la Fuerza Azul de la empresa garantiza el acceso, la democratización y la continuidad de los servicios de telecomunicaciones en los estados Nueva Esparta, Bolívar y Trujillo”, al realizar maniobras de reestablecimiento del servicio.
Lo cierto es que los desafíos son muchos y muy variados, entre los que se encuentra desde la definición del uso del espectro radioeléctrico hasta la posibilidad de garantizar que ingresen nuevos actores al mercado; pero no tiene dudas que la salida de Venezuela está de la mano de los venezolanos.
“El camino no será fácil, pero no tengo duda de que serán los venezolanos quienes implementarán los cambios necesarios para que uno de los países más ricos de América Latina se reintegre a los diálogos interamericanos enfocados en el desarrollo mediante la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC)”, sostuvo Otero.
Y una pregunta incómoda: Si el ataque estuvo motivado por las fuentes petroleras, ¿la oportunidad de negocio telco podía estar en ese negocio vertical? Puede ser. En tren de especulaciones es dable pensar que si se lograra apaciguar el clima local y la industria petrolera redoblara sus ejercicios en el país, la necesidad de comunicaciones seguras, resilientes y robustas, con algún servicio de automatización serán de gran valor. Y las operadoras de telecomunicaciones lo saben. También que necesitan de seguridad jurídica e institucionalidad para generar desembolsos y proyectar inversiones en países con bajos ARPUs.
Contexto ampliado y geopolítica
En la argumentación de la invasión se encuentra la recién estrenada Estrategia de Seguridad Nacional (aquí) publicada por Casa Blanca en noviembre de 2025. Esto supone la vuelta a la doctrina Monroe, estrategia que data de fines de 1823, suscripta por el presidente estadounidense James Monroe para autoproclamar al país como “defensor del hemisferio occidental” y desalentar el avance colonizador europeo en el continente americano.
Sin embargo, medios y analistas internacionales advirtieron que la acción realizada en Venezuela no tiene valor institucional por no haber pasado por el Congreso (por ejemplo, aquí).
Inclusive, de diciembre de 1823 a enero de 2026, transcurrieron más 200 años, varias guerras mundiales y unos cuantos genocidios. El mundo cambió. Por ejemplo, por los instrumentos internacionales y supranacionales que fueron creados para priorizar la paz y la autodeterminación soberana de los Estados; y porque la transformación digital y las cadenas de suministro tecnológico global cambiaron la capacidad de desarrollo y de los flujos de inversión general, las dinámicas del desarrollo y de dominio.
Si el foco se pone en el balance del primer año del segundo mandato de Donald Trump, la carrera global por la innovación, la guerra comercial y la intención de imponer nuevas reglas al tablero de juego mundial, marcaron el pulso; varias veces apalancado en una fuerte presión comercial arancelaria y por las promesas de inversiones vinculadas a la conectividad satelital de órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés) y la inteligencia artificial, sobre todo a través de empresas como Starlink y Open AI.
Sin embargo, en el mapa global nada parece detener ni el avance ni el posicionamiento de China (contra la que Estados Unidos buscó instrumentar un sinfín de mecanismos de bloqueo) e India; como tampoco la generación de anticuerpos en Europa (no sólo en materia de cadena de suministro sino de Defensa, de resiliencia y de autonomía comunicacional).
Recalculando
¿Cómo afectó este suceso a la coyuntura regional, a los lazos internacionales, a las tensiones globales? ¿Y a la valoración monetaria de las operadoras que están en venta en Venezuela? ¿Y a las inversiones y a los despliegues de redes que están o estaban en curso? ¿Y a la gente de a pie?
Este artículo, acumula más preguntas que respuestas porque se escribe en horas urgentes y aún a pesar de la ausencia de voces en on; con la certeza de que ni el mundo es el de hace 200 años, ni que el sol puede taparse con las manos.




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